El Duende Del Darro 1935

Al principio los vecinos de la Granaina Carrera del Darro trataron de encontrar una explicación lógica a los horribles alaridos que rompían la noche, los testigos aseguraban que no se trataba de algo humano.
Evitaban pasar por la carrera del Darro o la calle Santa Ana y asomarse a la bóveda ni en sueños, sobre todo las mujeres mayores que aseguraban que se estaba hablando de un fantasma, los mozos se retaban para calibrar su valentía el asomarse por la noche.
Pero el testimonio que termino por romper la tranquilidad de todos fue el del párroco de la Iglesia Santa Ana que aseguro haberse encontrado directamente con lo imposible, al caer la noche escucho lamentos que hacían estremecer de terror y cuando trato de averiguar el origen vislumbro una figura demoniaca que huía hacia la oscuridad, la cual le hizo gritar ¡¡ Un Demonio!! ¡¡ Un Demonio!!. No solo lo vio él, sino que también varios coadjutores que le acompañaban y otra serie de vecinos, sobre las dos de la mañana. Lo cierto es que con la gente asomada al rio oían los chillidos. Caso que fue investigado por la Guardia de asalto, la Guardia secreta de la República, que estuvieron investigando en el lugar y no vieron nada claro.
El miedo se extendió rápidamente, eran muchos los que afirmaban haber escuchado aullidos incluso haber visto una sombra cerca del rio, pronto se extendió el rumor de que la clave de todo podía encontrarse en los subterráneos.
Las autoridades se tomaron muy en serio el fenómeno, peinaron el embovedado, buscando una causa racional para el suceso que había provocado tanto desasosiego, pero si la hallaron nunca la hicieron pública.
Tras la batida que no dejo detenidos, algunos llegaron a sugerir que los espantosos quejidos eran proferidos por un alma atormentada.
Este suceso también se relaciono con la existencia de una vieja leyenda, “una pareja de enamorados” que habían fallecido, habían tenido una cuestión extraña en el lugar, o la misteriosa muerte en 1887 de un sereno que fue acompañado de fenómenos extraños y con algunos otros sucesos importantes como fueron los de Ponce Dávila de León, que fue ajusticiado en Plaza Nueva y que juro que volvería a vagar por aquellos lugares, tanto por la Alhambra donde había cometido sus fechorías como por la zona del Darro; todas esas cuestiones se barajaron como causa del fenómeno.
Pero aquellos que habían llegado a ver el supuesto duende insistían de que no se trataba de un espectro si no de algo físico y sugerían que bajo la ciudad viviera una horrible criatura.
Unos decían haberlo visto entrar en la bóveda y otros trepar por la higuera, que tenia alas y desaparecía; también se le llamo duende, pero generalmente la gente lo consideraba un demonio.
Lo describen como un ser giboso que chillaba como un gato y daba unos aullidos tan espantosos que verdaderamente la gente estaba aterrorizada en sus camas, cerraban ventanas porque tenían miedo de lo que estaba pasando.
Los chillidos se prolongaron durante tres días y tres noches y después cesaron, nunca se pudo determinar de dónde provenían.
Aun hoy cuando alguien se ve obligado a bajar al embovedado del rio, tiembla al recordar que por allí fue visto el duende de Granada y que jamás fue identificado ni apresado.

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